18 de mayo de 2009

avant-garde

Por las cumbres cárdenas,
en que se columpia la mirada opaca,
escalan sus barbas de barro.
Por las cumbres cárdenas.

Las moscas, en la tarde,
lo acunan en mordiscos de rabia.
Cavan sus mejillas
con el olor vacío de su cama.

Y él anuda cerezas
que ya el viento barre.
Él galopa en la noche
en que vive, en que arde.



Y su bastón teje risa donde la tristeza
es alambre.

2 comentarios:

AAN dijo...

Y espera, espera y espera
y nadie acude a visitarle.

Yo sí que vengo a hacerte una visita, preciosa.

Besito amapola. De vuelta.

Marie Augustine. dijo...

me encanto volver a pasar y encontrar este precioso poema.